: Resurgiendo - Poemas, musica, actualidad
La Visita de tu Vida - Resurgiendo - Poemas, musica, actualidad
S?bado, 08 de septiembre de 2007
fotos.miarroba.com
Un se?or hac?a una gira tur?stica por Europa. Al llegar
al Reino Unido, compr? en el aeropuerto una especie de
gu?a de los castillos de las islas. Algunos ten?an d?as
de visita y otros, horarios muy estrictos. Pero el m?s
llamativo era el que se presentaba como "La visita de
tu vida".

En las fotos, por lo menos, parec?a un castillo ni m?s
ni menos espectacular que otros, pero se lo recomendaba
muy especialmente... Se explicaba all? que, por razones
que despu?s se comprender?an, las visitas no se pagaban
por anticipado, pero era imprescindible pactar una cita;
es decir, d?a y hora.

Intrigado por lo diferente de la propuesta, el hombre
llam? desde su hotel esa misma tarde y acord? un horario.
Las cosas han sido siempre iguales en el mundo: basta que
uno tenga una cita importante, con hora precisa y
necesidad de ser puntual, para que todo se complique.
Esta no fue la excepci?n y diez minutos m?s tarde de la
hora pactada, el turista lleg? al palacio.

Se present? ante un hombre con falda a cuadros que lo
esperaba y que le dio la bienvenida.

-"?Los dem?s ya pasaron con el gu?a?", consult? al no ver
a ning?n otro visitante.

-"?Los dem?s? -repregunt? el hombre- No. . . las visitas
son individuales y no tenemos gu?as que ofrecer".

Sin hacerle menci?n del horario, le explic? un poco de
la historia del castillo y le refiri? algunos detalles
sobre los que deb?a prestar especial atenci?n. Las
pinturas en los muros. Las armaduras del altillo. Las
m?quinas de guerra del sal?n norte, debajo de la escalera,
las catacumbas y la sala de torturas en la mazmorra.

Dicho esto, le dio una cuchara y le pidi? que la
sostuviera en forma horizontal, con la parte c?ncava
hacia el techo.

-"?Y esto?", pregunt? el visitante.

-"Nosotros no cobramos un derecho de visita -aclar? el
recepcionista- Para evaluar el costo de su paseo
recurrimos a este mecanismo. Cada visitante lleva una
cuchara como esta, llena hasta el borde de arena fina.
Aqu? caben exactamente 100 gramos. Despu?s de recorrer
el castillo pesamos la arena que ha quedado en la cuchara
y le cobramos una libra por cada gramo que haya perdido...
Una manera de evaluar el costo de la limpieza", concluy?.

-"?Y si no pierdo ni un gramo?".

-"Ah, mi querido se?or, entonces su visita al castillo
ser? gratuita"

Entre divertido y sorprendido por la propuesta, el
hombre vio c?mo el anfitri?n colmaba de arena la cuchara
y comenz? su viaje. Confiando en su pulso, subi? las
escaleras muy despacio y con la vista fija en la cuchara.

Al llegar arriba, a la sala de armaduras, prefiri? no
entrar porque le pareci? que el viento har?a volar la arena
y decidi? bajar de manera cuidadosa.

Al pasar junto al sal?n que exhib?a las m?quinas de
guerra, debajo de la escalera, se dio cuenta de que para
verlas con detenimiento, era necesario inclinarse muy
forzado y sostenerse de la barandilla.

No era peligroso para su integridad, pero hacerlo
implicaba la certeza de derramar algo del contenido de
su cuchara, as? que se conform? con mirarlas desde lejos.
Otro tanto, le pas? con la m?s que empinada escalera que
conduc?a a las mazmorras.

Por el pasillo, de regreso al punto de partida, camin?
contento hacia el hombre de la falda escocesa que lo
aguardaba con una balanza. All? vaci? el contenido de
su cuchara y esper? el dictamen.

-"Asombroso, ha perdido menos de medio gramo -anunci?- lo
felicito y tal como usted predijo, esta visita le ha
salido gratis".

-"Gracias...".

-"Y... ?ha disfrutado de la visita?", pregunt? el de
la recepci?n.

El turista dud? y, por ?ltimo, decidi? ser sincero.

-"La verdad es que no mucho. Estaba tan ocupado en
cuidar de la arena que no tuve oportunidad de mirar lo
que usted me se?al?".

-"Pero... ?Qu? barbaridad!... Mire, voy a hacer una
excepci?n. Voy a llenarle otra vez la cuchara, porque es
la norma, pero ahora olv?dese de cu?nto derrama; faltan
12 minutos para el turno del pr?ximo visitante. Vaya
y regrese antes de que ?l llegue".

Sin perder tiempo, el hombre tom? la cuchara, corri?
hacia el altillo, al llegar all? dio una mirada r?pida a
lo que hab?a, baj? m?s que corriendo a las mazmorras y
llen? las escaleras de arena. No se qued? casi ni un
momento porque los minutos pasaban y pr?cticamente vol?
hacia el pasaje debajo de la escalera. Al inclinarse para
entrar, se le cay? la cuchara y derram? todo el contenido.
Mir? su reloj: hab?an pasado 11 minutos.

Dej? otra vez sin ver las m?quinas y corri? hasta el
hombre de la entrada a quien le entreg? la cuchara vac?a.

-"Bueno, esta vez sin arena, pero no se preocupe, tenemos
un trato".

-"?Qu? tal? ?Ahora, disfrut? la visita?"

Otra vez el visitante dud? unos momentos y respondi?:

-"La verdad es que no; estuve tan ocupado en llegar antes
que el otro, que perd? toda la arena, pero igual no
disfrut? nada".

El hombre de la falda, encendi? su pipa y le dijo:

-"Hay quienes cuando recorren el castillo, "la visita de
su vida", tratan de que no les cueste nada, no pueden
disfrutarlo. Hay otros tan apurados en llegar pronto,
que lo pierden todo sin disfrutarlo. Unos pocos, aprenden
esta lecci?n y se toman su tiempo para cada recorrido.
Descubren y disfrutan cada rinc?n, cada paso. Saben que
no ser? gratuito, pero entienden que los costos de vivir
valen la pena".

Le?do en "DESAYUNO CONTINENTAL"

Fotograf?a: Oscar Gutierrez


Tags: Reflexión, Moraleja, Relato

Publicado por k_nelita @ 1:07  | REFLEXIONES
Comentarios (0)  | Enviar

Comentarios
Añadir comentario
HTML permitido: <strong>, <s>, <em>, <u>, <a>, <img>
Nombre:




Comentario: