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Jorge Bucay, El cuento de Latif - Resurgiendo - Poemas, musica, actualidad
Jueves, 11 de noviembre de 2010

Latif era el pordiosero m?s pobre de la aldea. Cada noche dorm?a en el zagu?n de una casa diferente, frente a la plaza central del pueblo.

Cada d?a se recostaba debajo de un ?rbol distinto, con la mano extendida y la mirada perdida en sus pensamientos. Cada tarde com?a de la limosna o de los mendrugos que alguna persona caritativa le acercaba.

Sin embargo, a pesar de su aspecto y de la forma de pasar sus dias, Latif era considerado por todos, el hombre m?s sabio del pueblo, quiz?s no tanto por su inteligencia, sino por todo aquello que hab?a vivido.

Una ma?ana soleada el rey en persona apareci? en la plaza. Rodeado de guardias caminaba entre los puestos de frutas y baratijas buscando nada.

Ri?ndose de los mercaderes y de los compradores, casi tropez? con Latif, que dormitaba a la sombra de una encina. Alguien le cont? que estaba frente al m?s pobre de sus s?bditos, pero tambi?n frente a uno de los hombres m?s respetados por su sabidur?a.

El rey, divertido, se acerc? al mendigo y le dijo:
- ?Si me contestas una pregunta te doy esta moneda de oro.?

Latif lo mir?, casi despectivamente, y le dijo:
- ?Puedes quedarte con tu moneda, para qu? la querr?a yo? ?Cu?l es tu pregunta?

Y el rey se sinti? desafiado por la respuesta y en lugar de una pregunta banal, se despach? con una cuesti?n que hac?a d?as lo angustiaba y que no pod?a resolver. Un problema de bienes y recursos que sus analistas no hab?an podido solucionar.

La repuesta de Latif fue justa y creativa.
El rey se sorprendi?; dej? su moneda a los pies del mendigo y sigui? su camino por el mercado, meditando sobre lo sucedido.

Al d?a siguiente el rey volvi? a aparecer en el mercado. Ya no paseaba entre los mercaderes, fue directo a donde Lafit descansaba, esta vez bajo un olivar. Otra vez el rey hizo una pregunta y otra vez Latif la respondi? r?pida y sabiamente. El soberano volvi? a sorprenderse de tanta lucidez. Con humildad se quit? las sandalias y se sent? en el suelo frente a Latif.

- ?Latif te necesito,? le dijo. ?Estoy agobiado por las decisiones que como rey debo tomar. No quiero perjudicar a mi pueblo y tampoco ser un mal soberano. Te pido que vengas al palacio y seas mi asesor. Te prometo que no te faltara nada, que ser?s respetado y que podr?s partir cuando quieras? por favor.?

Por compasi?n, por servicio o por sorpresa, el caso es que Latif, despu?s de pensar unos minutos, acept? la propuesta del rey.

Esa misma tarde lleg? Latif al palacio, en donde inmediatamente le fue asignado un lujoso cuarto a escasos doscientos metros de la alcoba real.
En la habitaci?n, una tina de esencias y con agua tibia lo esperaba.

Durante las siguientes semanas las consultas del rey se hicieron habituales.
Todos los d?as, a la ma?ana y a la tarde, el monarca mandaba llamar a su nuevo asesor para consultarle sobre los problemas del reino, sobre su propia vida o sobre sus dudas espirituales.

Latif siempre contestaba con claridad y precisi?n.

El reci?n llegado se transform? en el interlocutor favorito del rey. A los tres meses de su estancia ya no hab?a medida, decisi?n o fallo que el monarca no consultara con su preciado asesor.

Obviamente esto desencaden? los celos de todos los cortesanos que ve?an en el mendigo-consultor una amenaza para su propia influencia y un perjuicio para sus intereses materiales.

Un d?a todos los dem?s asesores pidieron audiencia con el rey. Muy circunspectos y con gravedad le dijeron.

- ?Tu amigo Latif, como t? llamas, est? conspirando para derrocarte.?

- ?No puede ser? dijo el rey. ?No lo creo.?

- ?Puedes confirmarlo con tus propios ojos,? dijeron todos. ?Cada tarde a eso de las cinco, Latif se escabulle del palacio hasta el ala Sur y en un cuarto oculto se re?ne a escondidas, no sabemos con qui?n. Le hemos preguntado a d?nde iba alguna de esas tardes y ha contestado con evasivas. Esa actitud termin? de alertarnos sobre su conspiraci?n.?

El rey se sinti? defraudado y dolido. Deb?a confirmar esas versiones.

Esa tarde a las cinco, aguardaba oculto en el recodo de una escalera.
Desde all? vio c?mo, en efecto, Latif llegaba a la puerta, miraba hacia los lados y con la llave que colgaba de su cuello abr?a la puerta de madera y se escabull?a sigilosamente dentro del cuarto.

- ?Lo visteis? gritaron los cortesanos, ?lo visteis??

Seguido de su guardia personal el monarca golpe? la puerta.

- ??Qui?n es?? dijo Latif desde adentro.

- ?Soy yo, el rey,? dijo el soberano. ??breme la puerta.?

Latif abri? la puerta.

No hab?a nadie all?, salvo Latif.

Ninguna puerta, o ventana, ninguna puerta secreta, ning?n mueble que permitiera ocultar a alguien.

S?lo hab?a en el piso un plato de madera desgastado, en un rinc?n una vara de caminante y en el centro de la pieza una t?nica ra?da colgando de un gancho en el techo.

- ??Est?s conspirando contra mi Latif?? pregunto el rey.

- ??C?mo se te ocurre, majestad?? contesto Latif. ?De ninguna forma, ?por qu? lo har?a??

- ?Pero vienes aqu? cada tarde en secreto. ?Qu? es lo que buscas si no te ves con nadie? ?Para qu? vienes a este cuchitril a escondidas??

Latif sonri? y se acerc? a la t?nica rotosa que pend?a del techo. La acarici? y le dijo al rey:

- ?Hace s?lo seis meses cuando llegu?, lo ?nico que ten?a eran esta t?nica, este plato y esta vara de madera? dijo Latif. ?Ahora me siento tan c?modo en la ropa que visto, es tan confortable la cama en la que duermo, es tan halagador el respeto que me das y tan fascinante el poder que regala mi lugar a tu lado?? que vengo cada d?a para estar seguro de no olvidarme de QUI?N SOY Y DE D?NDE VINE?.
AS? ES:

NUNCA DEBEMOS OLVIDAR QUIENES SOMOS Y DE DONDE VENIMOS, LA VIDA DA MUCHAS VUELTAS Y PODEMOS REGRESAR SIEMPRE AL MISMO LUGAR!!


Jorge Bucay


El mensaje central del cuento es la de mantener siempre la humildad est?s donde est?s. Muchas personas llegan a ocupar lugares de poder, de mando y se olvidan de sus ra?ces y cuando llegan al final reci?n se acuerdan de sus ra?ces, pero ya no hay vuelta atras. En la vida, cosechamos lo que sembramos, por eso no debemos olvidar ese proverbio chino que dice: "sembrar es opcional, la cosecha es obligatoria".

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Tags: Quienes somos, De donde venimos, Jorge Bucay, Rey, Mendigo, Latif, Cuento Moraleja

Publicado por k_nelita @ 21:01  | CUENTOS
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